miércoles, julio 13, 2005

Añorando escapar de nuevo…

En un post anterior había expresado que la incertidumbre me acompaña irremediablemente y que sueño con el momento en que me abandone así porque sí; por lo pronto, la costumbre de vivir siempre con esta sensación cada vez se hace más insoportable pero por alguna de aquellas cosas que no logro explicar, soporto con tesón hasta el día de hoy.

Por supuesto eso sí y contrario a los que se pueda pensar, que logro dormir en todo el sentido de la palabra; hoy por hoy, el sueño es la única actividad que logra desconectarme totalmente de la realidad. Dentro de mi sueño sólo tienen cabida la fantasía combinada con una “realidad ficticia” que para nada logro asociar de forma lógica de porqué se desenvuelve así.

Es en serio cuando digo que puedo volar tan sólo porque lo deseo y basta con tener la intención de elevarme para que mis pies abandonen el suelo; que puedo ver la tierra labrada allá abajo mientras navego entre nubes y montañas; que además puedo ver reunida a gente que he conocido a lo largo de mi vida en diversas situaciones y momentos; que logro transportarme con la edad de hoy a los tiempos en que tenía tan sólo 15 años para recrear situaciones de aquel entonces con la visión de la vida que manejo hoy. Que veo a muertos cuando aún estaban vivos y transamos amenas conversaciones. En fin, de esa clase de sueños son mis sueños.

Las pesadillas también existen pero en menor proporción; de hecho, casi siempre las olvido antes de despertar (cosa que también pasa con mis sueños) y nunca logran inquietarme en medio de la noche o rara vez al amanecer. Una de las últimas pesadillas que he tenido es la clásica aquella del hombre que me he encontrado en una calle desierta y que con su puñal brillando en la oscuridad intenta asesinarme; por supuesto (debido a ese instinto de conservación que todos poseemos) toca salir corriendo para no terminar desangrado sobre la acera. Últimamente he pensado que debería hacer el experimento de hacer lo contrario a lo que por naturaleza hago para ver qué pasa en mi pesadilla cuando me resista a que aquel hombre me agreda y lo ataque más bien yo a él, o mejor aún, que me ponga a darle consejos para que se convierta en un buen ser humano; o en sudefecto, a que me vea a mí mismo cayendo herido de muerte. Debería intentarlo. Y quién sabe, quizá debería --dentro del mismo experimento—dejar de querer volar cuando lo esté haciendo para ver cómo caigo y que haré al momento de llegar al piso con tal de salvar mi vida en el sueño.

Sobre esto último si tengo la idea de lo que sucede: hace tiempo estaba volando (en el sueño); creo que hacía barrenas e, instantes antes de llegar al piso, milésimas de segundo antes, centímetros antes de tocar el suelo, creo que retorcía (dormido) la espalda hacia atrás sobre mi cama y esto ocasionaba (en el sueño) que proyectara una curva de descenso-ascenso que lograba un roce sobre el piso evitando así lo inevitable. Sé que esto era lo que pasaba y era mi forma de reaccionar porque cada vez que sucedió me desperté y sentía la fuerza que había aplicado sobre mi columna vertebral al realizar tal movimiento.

Es cosa complicada esto de mis sueños y cómo reacciono ante ellos; pero son mi mejor herramienta para escapar de la realidad.

Ojalá llegue rápido la noche.


Peter P@n